¿Sueñan los emperadores con ovejas eléctricas?

Yo y mi afición por los titulitos. Yo, que soy mi propio Director Editorial, he tardado en aprobar el título que yo, que soy mi propio y único escritos del blog he propuesto. Demasiado intrincado, he dicho, y separado del auténtico tema de la entrada, he añadido. Pero me he rebatido diciéndome que podía hacer dos cosas: o aceptarlo, o buscarme las lentejas por otro sitio. Y he decidido claudicar. Están las cosas como para hacer una regulación de empleio conmigo mismo.

Pero por lo menos, desenrollemos la madeja…. El título del post se refiere al cuento de Philip K. Dyck que inspiró Blade Runner, y en donde eran los androides quienes soñaban con las ovejas de la pregunta. La película contiene, a mi entender, una de las escena más bellas de la historia del cine, cuando el último de los androides a los que persigue el Blade Runner, es consciente del momento de su muerte y narra su vida en apenas unas palabras. Pura poesia. Y aqui llegamos al final, por fin… (suspiro del Director Editorial) (”Pero ha quedado chulo”, digo yo). Y al igual que lo hacia el androide en esas palabras, el protagonista de nuestro libro, el emperador Adriano, nos muestra las cosas que ha visto a lo largo de su vida, la vida de un hombre que ha sido el más poderoso de su tiempo, pero un hombre enamorado, la vida de alguien que fue un gran conquistador, pero un hombre admirador de la cultura más cercana al hombre de su tiempo, la griega. Al igual que el androide, al que un principio no suponíamos humano, el Emperador se da cuenta de la cercanía de su muerte, y nos entrega su vida, sus impresiones, sus amores….

Me hubiera gustado leer este libro siendo más joven. Quizá tan joven como era Margarite Yourcenar cuando lo escribió, entre los 21 y los 25 años, entre 1924 y 1928, aunque no lo publicó hasta 1951. Me hubiera gustado porque de sus páginas surje el amor por la vida, por sus esquinas, por sus futuros, por sus pasados, por sus errores. Adriano es un soldado que ama, un emperador que sufre, un romano que ama lo griego, un marido que no ama a su mujer, un amante que pierde a su amado. Si bien es verdad que la figura histórica de Adriano se ve reflejada sólo en parte, asistimos como espectadores a la vida de alguien que muere habiendo vivido. Y eso, eso que parece tan fácil, eso a lo mejor sólo pueden comprenderlo un androide que ha visto tantas cosas y un emperador que amaba casi todas las que había ido dejando por el camino….

Querido Marco:
He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de una hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo. Haya paz… Amo mi cuerpo; me ha servido bien, y de todos modos no le escatimo los cuidados necesarios. Pero ya no cuento, como Hermógenes finge contar, con las virtudes maravillosas de las plantas y el dosaje exacto de las sales minerales que ha ido a buscar a Oriente. Este hombre, tan sutil sin embargo, abundó en vagas fórmulas de aliento, demasiado triviales para engañar a nadie. Sabe muy bien cuánto detesto esta clase de impostura, pero no en vano ha ejercido la medicina durante más de treinta años. Perdono a este buen servidor su esfuerzo por disimularme la muerte. Hermógenes es sabio, y tiene también la sabiduría de la prudencia; su probidad excede con mucho a la de un vulgar médico de palacio. Tendré la suerte de ser el mejor atendido de los enfermos. Pero nada puede exceder de los limites prescritos; mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años.

memorias-de-adriano

¿Otra copita?

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8 Responses to “¿Sueñan los emperadores con ovejas eléctricas?”

  • halo says:

    de yourcenar yo puedo leer cuentos… los libros de cuentos… lios libros “mesehacen” cuesta arriba… pero este lo pone todo el mundo tan bien que…

  • cosechadel66 says:

    Yo creo que te mereceria la pena intentarlo….

  • Carmen says:

    Buenísima recomendación. Una lectura imprescindible. Besos

  • cosechadel66 says:

    Pero imprescindible del todo, Carmen. Gracias por pasarte por aqui

  • Psiko says:

    Este si que lo he leído y suscribo tu opinión, es un libro delicioso. Te trasladas a Roma y respiras el ambiente.

    Genial el paralelismo con Blade Runner :) has unido dos verdaderas obras de arte.

    Saludos

  • Pilar Mandl says:

    ¡Excelente post” y excelente título!!!!
    Yo leí las memorias con menos de 20 y las disfruté, como todo lo de Yourcenar… siempre me encantó…

  • Pilar Mandl says:

    ¿Has leído la muerte de Virgilio de Herman Broch? excelente libro también…

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