Una memoria de cojones

Angelines tiene 89 años. Y una memoria de cojones. Durante muchos años, cuando sus nietos la preguntaban donde estaba enterrado el abuelo Antonio, ella se llevaba las manos al pecho y contestaba: “Aquí, aquí dentro”. Y les hablaba de sus ojos de un verde imposible, aquellos que la conquistaron mientras no dejaban de observarla desde todas las esquinas del pueblo, aquellos que la miraron, haciéndola temblar de pies a cabeza cuando la pidió que se casarán y la regalo una figurita de la Virgen de Montebajo que había tallado para ella, y le dijo que había comprado para ellos la casa de la ladera norte con aquel huerto tan bonito.
Y entonces enseñaba a sus nietos la Virgen para que la desgasten un poco más, por que ella lo que quiere es contar de nuevo su historia. Contarles como a su abuelo se lo llevaron una noche del calor de su cuerpo el odio y la venganza, el frío y el rencor, y le metieron cuatro balas en el cuerpo con esos mismos nombres. Les contaba como tuvo que irse del pueblo de la misma manera cortante como se fue la risa de sus labios, con sus dos hijos y un saco mal cosido, y una Virgen de Montebajo aferrada entre sus manos. Y los nietos la escuchaban una y otra vez, porque cada vez añadía una historía más, de sus años en la capital sirviendo a Señoritos de manos y trajes limpios y manos sucias, de ahorros imposibles, de noches solitarias cosiendo para poder volver al pueblo.
Y les contaba como logró volver, y recuperar su casa en la ladera norte, y abrir todas las ventanas y que entrase el aire y la risa, y comenzar a plantar de nuevo el huerto, y dejar a la Virgen en la repisa de la cocina.
Ahora la vuelven a preguntar donde está enterrado el abuelo. Y ella vuelve a agarrarse el pecho, y a contestarles que allí dentro.
Y cuando se van vuelve a recordar aquella noche, los kilómetros andando entre el miedo y la oscuridad, con el cuerpo de su Antonio robado de la fosa en un despiste del Guardía Civil que esperaba a la blanca cal que intentaría oscurecer todas las memorias. Y como lo arrastró durante horas hacía aquel huerto suyo, y lo enterró allí con las manos cruzadas sobre el pecho, y le dió un último beso, para luego huir con los hijos, la virgen y aquel saco.
Y no le contara a nadie como lloró cuando tomó el primer fruto de aquel huerto, al volver al pueblo. Y cómo le supo a gloría, a ojos verdes, a esquinas de besos furtivos. Y aquel día se agarró el pecho, llorando. Y enterró por segunda vez a su Antonio, allí, allí dentro.
Y conservó, para siempre, una Virgen y una memoría de cojones.
Foto Dimitar Variysky












excelente historia
Magnífica historia la de Angelines.
Un saludo.
:’| Bravo!! Eso sí que son cojones Angelines
Si pretendes que los ojos se humedezcan, querido Cosecha, lo has conseguido. No sabes como me has emocionado. La historia de Angelines te rompe el alma pero al mismo tiempo es una historia de fuerza, de pasión, de supervivencia. Maravillosa. El cómo lo cuentas es otra belleza. Ya te he dicho en alguna ocasión que eres un auténtico poeta. Si lo eres. Por cierto la fotografía espléndida.
Enhorabuena
Besos
Preciosa historia.
Gracias.
Besets.
Veo que has cambiado de look. Me gusta más que el anterior. Un consejo: destaca los links porque no se distinguen del texto común.
Gran historia, bien escrita.
Un saludo.
Muy bueno este post
Preciosa historia cosecha. Hay tantas Angelines a las que no hacemos caso…
Una historia de cojones, para guardar siempre en la memoria.
Un saludo.
Debe ser terrible eso de tener memoria.. con lo dulce que es el olvido..
Oye, muy chula la nueva casa
que bonito, se me ha puesto la piel de gallina, esas cosas me llegan mucho, y si, verdaderamente es una memoria acojonante, un beso
Admirable abuela Angelines, memoria viva de aquellos días atroces…
Excelente historia, contada con una maestría y sensibilidad excepcional. Eso es talento, enhorabuena.
Bonito traje, Adolfo. Y como de costumbre, bien adornado. Da gusto visitar esta casa. Un abrazo
Bellisima historia, el reflejo hermoso de un gran amor, de amores que inspiran y nos motivan a creer, a buscar en nosotros el coraje, la fe y la determinación por en la lucha por conservar viva la presencia de lo que amamos, si esto enriquece nuestro espíritu y nuestra capacidad de crecer.
Un abrazo.
Una historia preciosa.
Bs.
Una historia muy bonita, me ha encantado leerla.
Una gran historia para no olvidar
Ay…¡esos ojos verdes!
Te hacen olvidar hasta que te robaron toda la documentación, el móvil y la cámara de fotos…
Ya me entiendes.
Qué gran mujer y hermosa historia a pesar del dolor. Sabes tocar la fibra del corazón, señor Cosecha…
Qué bello relato, fondo y forma. Me ha tocado la fibra.
Gracias!
Joder. Me quitas el aire, amigo. Me lo quitas.
Enternecedor…me ha sobrecogido y más en estas fechas que se cumple el aniversario de la muerte de mi abuelo. Muchas gracias
Paso por aquí por recomendación de Theo y le agradezco la invitación porque me ha dado la oportunidad de disfrutar de este texto tan maravilloso y emotivo.
Un saludo
Precioso!!
UT