Domingos al sol

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Un domingo más, Anselmo se dirigió al quiosco para comprar la prensa. Un solecito inusual en Noviembre le calentaba el rostro y el ánimo. Con su radio en el bolsillo y el recién adquirido periódico, dirigió sus pasos hacia el banco donde se pasaba las mañanas dominicales de otoño e invierno que eran tan agraciadas como aquellas. En los días de lluvía o frío prefería el Bar de Toño con un buen cafecito, o se dejaba caer por casa de su hijo, y en verano o primavera prefería la sombra de los árboles de la plazuela del parque, más resguardado del sol. Pero aquellos días como este le gustaban, porque eran como un regalo, como robar un día al invierno, lo que en su caso y a sus años eran un poco reirse del paso del tiempo. Le gustaba aquel banco solitario, con la pared gris que le resguardaba del viento, y que permitía no tener que hacer malabarismo con las hojas del  periódico. Era una tontería, pero le gustaba llegar y darle un par de toquecitos al banco al llegar y a despedirse, como agradeciéndole su presencia, su situación y su dura comodidad.

Aquel Domingo, sin embargo, al doblar la esquina que le permitía vislumbrar el banco ya de lejos, le sucedió algo extraño. Le observó al sol tibio y extraño de noviembre, y según se iba acercando le pareció como si estuviera a gusto, alli, plantado sin moverse. Como si fuera un gato tumbado al lado de una ventana o una lagartija en el muro. Se sintió sobrar, como si sentarse en él fuera a despertarle. Asi que sonrió, dió la vuelta, y decidió que bien se había ganado aquel banco algo más que un par de palmaditas, en forma de una siesta solitaria en un domingo al sol.

¿Otra copita?

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13 Responses to “Domingos al sol”

  • Espineli says:

    Los bancos jejej, anda que no he pasado tardes con los amigotes sentado en uno de esos, por cierto al final no me ha quedado muy claro aunque creo que sí, lo que sucede al final del texto es que Anselmo decide hecharse una siestecita en aquel banco no?

    Supongo que en agradecimiento de tantos buenos ratos aunque su comodidad no sea del todo perfecta :-)

  • laura says:

    me ha encantado!!!!! me gusta como escribes y hay que tener sensibilidad para cosas como estas:

    “… robar un día al invierno, lo que en su caso y a sus años era un poco reirse del paso del tiempo”

    nada, nada, que estás hecho un crack!

  • Gracias por este regalo de domingo, es precioso :)

  • es curioso lo que en ocasiones nos transmiten las cosas….
    a veces más que las personas.
    un abrazo
    Borja.

  • JChef says:

    Me ha gustado mucho, porque no es fácil captar la belleza que puede haber en las pequeñas cosas cotidianas.

  • landahlauts says:

    Es lo que tiene el intimar con los bancos. Yo, por eso… ni los saludo. Llamadme desagragradable, pero es lo mejor.

    :)

    Me gustó. Saludos.

  • enrique says:

    Me gusta el hormigón…

  • Juanjo says:

    Llegué en lunes, pero gracias por el regalo dominguero.

    Saludos.

  • Fernando says:

    Se agradecen estos regalos de Domingo de Hormigón para comenzar los lunes de Hierro……

    Saludos.

  • Maba says:

    me gustan tanto el banco como el señor

    un beso

  • Thiago says:

    jjaj nadie podrá decir que tu post no es de ultimísima actualidad, pq es verdad que este noviembre está siendo veraniego… Dejar que el banco eche una siestecita al sol es muy poético, cari…. Y ya para rematar el buen Anselmo podía hacer el “pino-puente”y dejar que los parroquianos se sentaran en su espalda, jajaa

    Bezos

  • Markos says:

    Una descripción muy agradable, ahora miraré los bancos al sol de otra forma.
    Salu2

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arias1

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