Los comienzos de mis sueños

Yo empece a soñar en dos ocasiones en  mi vida. De ninguna de las dos tengo recuerdo. No recuerdo cuando mi mente comenzó a viajar mientras mis ojos dormían. Imagino que los médicos tendrán una referencia más o menos clara de la edad. Quizás soñemos ya en los vientres. No lo se. Tampoco importa. Sueño.

Tampoco me acuerdo de la segunda vez que mis sueños comenzaron, porque no me puedo acordar de la primera vez que abrí la página de un libro. No recuerdo exactamente el punto de partida de mis viajes de papel. Ballenas blancas, Señores con anillos, espadachines y reinas. Truhanes y méndigos, mercaderes y perfumes. Cien años de soledad junto a reyes transparentes. Combates de barcos y gigantes, de enanos y ladrones. Besos en la lluvia que mojan ciudades saqueadas. Emperadores romanos, Sátrapas persas, Samurais japoneses, Hackers de Utah en ordenadores filipinos. Honor, Orgullo, Pasión… Todos ellos dueños y compañeros de sueños. Palabra a palabra, letra a letra. Leo, vivo, sueño.

A veces sueño de una manera para soñar de la otra. Es la propiedad conmutativa de mis sueños.

Pero me dejo llevar. Sólo queria decir que me apetece comenzar a copiar aqui algunos de los comienzos de mis mejores sueños. Y hablo de los de papel en este caso.

Y sin lugar a dudas, sólo puedo comenzar por uno:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas, tienen vida propia -pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el ánima.» José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza, y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve.»

Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad, 1967

ciensoledad

¿Otra copita?

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6 Responses to “Los comienzos de mis sueños”

  • Marta says:

    Yo empecé a soñar de la mano de Enid Blyton y con sus historias de cuatro niños y un perro. No se me puede olvidar. Y por supuesto, la familia Buendia me ha hecho pasar algunos de los mejores momentos, en más de una ocasión, porque aunque lo he leido más de una vez, es como si siempre fuera nuevo. Una obra maestra.

    Bs.

  • halo says:

    yo empecé con los comics que me compraba mi padre en el kiosko de don miki… por algo hay que empezar … pero el libro que más me impactó y que durante años y creo que aún todavía es mi favorito es El Sur, de Adelaida García Morales, apenas un relato pero me llegó… García Marquez me gusta, pero mucho más cuando era periodista… ay ese noticia de un secuestro!!!!!

    es que los cien años los asocio a cou…

  • Beauséant says:

    esas de ahí son, sin lugar a dudas, las líneas del mejor inicio de una historia que se ha hecho nunca.. La forma en la que juega con el tiempo, como muestra el final sin estropearte la historia.. en fin, una obra maestra.. mataría por escribir un inicio así .)

  • SunnyFreckles says:

    Yo empecé a soñar hace años, pero no importa cuánto hace, ni cuándo, ni cómo, ni por qué, ni cómo…simplemente soñamos

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