Uno tiene muchos papeles, muchísimos. Demasiados, quizás. Anuncios antiguos, revistas antiguas, periódicos antiguos. Recortes, artículos, fotografías. Pequeñas cápsulas del tiempo donde pararlo. En realidad, esquinas donde resguardarse del olvido. Yo estuve allí, leí aquello, probé ese producto, vi eso en las noticias. Vivía. Pero como uno, además de tener mucho papel acumulado en estanterías y cajones, vive en la época digital, a veces le dan temporadas de ponerse a pasar ese papel a un soporte más adecuado a los tiempos. La consecuencia es que sigo teniendo muchos papeles, y también muchos documentos en soporte digital. Y claro, tanto en un soporte como en el otro, las cosas se traspapelan, o se trasdigitalizan, que el caos no tiene preferencias respecto al soporte en el que se extiende.

La consecuencia del caos es que produce interferencias. Y se mezclan cosas. Y aparecen imágenes en otras imágenes. Porque el caos es creativo por naturaleza. Y de repente, como por arte de magia, producen mezclas, anuncios nuevos de viejos anuncios.

Y además, es cierto que el vecino de abajo no ha leído Te Cuento ¿Y tú?

¿Otra copita?

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